La Leyenda de Ochate

la leyenda de ochate

 

En 2009 me pongo en contacto con el escritor alavés Julio Corral, coautor del libro "Ochate, realidad y leyenda del pueblo maldito", que me remite un artículo para "Curiosón" donde se aclaran muchas de las historias que se venían contando sobre este pueblo abandonado del Condado de Treviño. El pueblo ya existía allá por el siglo XI con el nombre de Gogate y a propósito de su abandono tiene mucho que ver su enclave, situado al borde de una antigua calzada que unía el valle con un camino Real. La investigación les lleva a deducir que se despuebla porque se habilita otro camino que deja desubicado a Ochate en favor de otros pueblos.

 

Pero la leyenda toma fama allá por los años 80, cuando el conocido escritor y periodista JJ Benítez, realiza el reportaje titulado "Ovni en Treviño", utilizando una foto que se hizo viral en aquel tiempo y cuyo autor era el escritor Pruden Muguruza, autor de un libro sobre el pueblo y que estaba convencido de que en aquel lugar se escondía uno de los grandes enigmas de la historia. La leyenda contaba que a lo largo de la década de 1860 este pueblo, y sólo este pueblo, había sido asolado por tres terribles epidemias, a saber: la viruela, el tifus y el cólera, motivo por el que terminó despoblándose. Pero frente a la leyenda hay una realidad en los archivos, históricos, censos y catastros, que es a la que acuden quienes desean aclarar la historia de este término. Eso es lo que hace el vitoriano Enrique Echezarra, un apasionado de estas cosas, quien afirma para el diario ABC: «Enredando entre archivos de Burgos y Álava, cuál fue mi sorpresa al ver que en los documentos no se hablaba de epidemias, sino de la vida normal de un pueblo más que se fue despoblando».

La leyenda ha servido para engordar la madeja, pero no deja de ser una historia fantástica para explicar el hecho de la desaparición de un pueblo, años antes de la Guerra Civil.

 

Shaila, otra de mis colaboradoras gráficas, ha vuelto al lugar estos días y me remite unas imágenes que vienen a recordarnos la desoladora estampa de la despoblación a la que irremediablemente parecen abocados todos estos rincones.